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memorial

Josefa Antonia Muñoz Cataldo

By agosto 7, 2024septiembre 5th, 2024No Comments

JOSEFA ANTONIA MUÑOZ CATALDO

23/08/2003    –    08/04/2013

Josefa Antonia, casi niña, casi ángel. Nos volveremos a encontrar en tu mundo de colores.
Honrando tu vida hasta el reencuentro.

Josefa nació un 23 de agosto hace veintiún años, en el hospital de la ciudad de Vallenar, luego de un largo trabajo de parto. Ahí comienza una gran historia, mi niña morada, uñitas pintadas. Alegre, amorosa, llorona, regalona, muy amada. Conoció a mucha gente y mucha gente la disfrutó; amiguera, solidaria, risueña, de sonrisa grande, fuerte y raspada. Nos enseñó que el dolor es pasajero y que luego se puede volver a sonreír, a vivir. Muchas veces lo hizo, muchas veces lo logró. Disfrutó tanto la vida que nos la contagió. Ejemplo para algunos, maestra para mí. Su historia y sus recuerdos jamás tendrán un fin.

Te copio el capítulo 7 de mi libro para Josefa, así la conoces un poquito más.

Todo el tiempo libre que compartíamos juntas era para jugar y ver películas. Josefa creció e hizo de Barney su programa infantil favorito. Todos en la casa aprendimos a cantar y a bailar sus canciones. Su canción favorita era “El autobús mágico”. Fue su primera coreografía aprendida con las manitos. Su sonrisa iluminaba nuestro hogar cada vez que veíamos el capítulo o escuchábamos la canción. Desde siempre todo para ella fue fiesta.

Uno de los episodios más recordados por mí es la dependencia de mi hija de su chupete o tete. Ella no podía vivir sin él y muchas noches sufrimos por no saber dónde lo había dejado. Esta situación ponía a todos de cabeza a buscar el chupete y si no lo encontrábamos ella no dejaba de llorar. Mi preciosa era muy regalona. Solo me transmitía ternura, así es que hacía oídos sordos ante las personas que me molestaban por tenerla con chupete. Nadie entendía que esa dependencia era favorable para ella. Es que frente a cualquier episodio médico en el cual yo no pudiera estar con ella, su chupete era el vínculo más directo con la mamá y la casa, el contexto en el cual ella estaba acostumbrada a vivir. A mí esta explicación relacionada con el uso constante del chupete me daba mucha tranquilidad.

Otra anécdota importante en la vida de mi Jo sucedió a la edad aproximada de dos años. Estábamos acostumbrados a salir de vacaciones con mis padres y tíos a acampar a Tres Playitas, el mismo balneario en el cual di la noticia de mi embarazo. Mi pequeña era todo un caso. No pisaba la arena. Se ponía traje de baño, pero había que llevarle una silla y ponerla sobre la toalla para que ella no tocara la arena. Ahí, en esa posición, se quedaba tranquila y miraba a los demás primos bañarse. Siempre fue muy especial. Su desarrollo fue el de una niña normal. Jugaba, caminaba y hacía sus actividades sin ningún inconveniente. Cuando cumplió dos años decidí matricularla en el jardín. Se convirtió en la regalona. Siempre fue muy querida y especial para quien la conoció. Por muchos años ella recordó a su tía Marcelita. Fue la primera tía que la recibió en el Jardín Pulgarcito de Paipote. La regaloneaba muchísimo. A ella le encantaba participar de todas las actividades que hacían en el jardín y nosotros siempre la acompañábamos. La producíamos con esmero para que siempre fuera la más linda. Ese año para el Día de la Madre se organizó un desfile de modas. Ella desfiló sin problema alguno y con mucha desenvoltura. Siempre se sentía muy importante. Nunca le faltó ni una pizca de motivación, por lo que en todo momento disfrutaba de las circunstancias que la rodeaban. A los tres años también tuvo su momento de estrellato. Fue cuando desfiló en el mall de la ciudad en un desfile de modas de una tienda comercial reconocida internacionalmente de color verde y que comienza con F. Desfiló acompañada de su tío Isaac, quien hacía el rol de papá.

Fue creciendo rodeada de amor y siempre se mostró muy orgullosa de mí y de sus familiares. Era regalona de sus abuelos y de toda la familia, que siempre le celebró sus travesuras y la acompañó en los momentos difíciles. Resulta casi inexplicable que todas las personas que mi hija iba conociendo o aparecían en su vida tenían una percepción única de ella. Siempre me manifestaron que Josefa era poseedora de un ángel especial. Hoy no lo dudo. Le inculcamos los mejores valores. Me preocupé permanentemente que su vida fuera mágica y de fantasía. Ella nunca sintió su enfermedad como tal porque nosotros nunca la hicimos sentir enferma. Siempre se le habló con la verdad y ella comprendía nuestras explicaciones sin problemas. Como toda niña normal tenía su temperamento, el cual era bastante fuerte. Su carácter era especial. Pero se conducía bajo los parámetros propios de una niña. Josefa evolucionó paso a paso y de acuerdo a su edad. Como mamá invariablemente quise e intenté hacer lo mejor para mejorar su existencia. Lo hice pensando siempre en ella y en nuestro bienestar. Nunca faltamos a un control en Santiago, ni en Copiapó. Asiduamente nos organizábamos para ver quién la llevaba, se mi mami o yo. A esas alturas mi madre se había tornado en una parte principal de la vida su vida. La cuidaba muchísimo y era quien estaba al tanto de todo lo acontecido médica y cotidianamente con mi Jo. Yo también estaba al tanto de todo. Quería tener un conocimiento completo de lo que le acontecía a la niña y estudiaba sobre su enfermedad para saber más.

Lamentablemente, o también afortunadamente, no existen muchos casos del tipo de cardiopatía de ventrículo único que padecía mi Josefa. No había muchos estudios ni literatura que nos pudiera ayudar o esperanzar un poco más.

Siempre recuerdo a la José como mi compañera de infancia, la única prima que tenía aquí en Copiapó, siempre sonriendo y jugando con el espíritu puro y sano de niñas pequeñas. te extraño primita, te recuerdo y te pienso siempre, se que estás conmigo cuando quiero rendirme para darme las fuerzas que me faltan.
Josefa Antonia, casi niña y mi ángel 🤍

Martina ogalde

 


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