JULIÁN IGNACIO GALLARDO CONTRERAS
14/10/2006 – 10/09/2021
Julián hijo de la Luna y del universo entero
Julián, mi amor, te pedí a la luna y me escuchó. Te soñé antes de que existieras y te amé antes de conocerte. Nunca imaginé que solo te tendría a mi lado por casi 15 años.
Me dijeron que no podía tener hijos, ¡aunque no lo crean! Hace años, le pedí al universo, a la luz y, sobre todo, a la luna, que me hicieran madre. No pueden imaginarse el profundo deseo que tenía de ser mamá.
Mis ruegos fueron escuchados y la magia comenzó. Soñé con mi hijo antes de saber que crecía en mí… El 14 de octubre de 2006 nació mi gordito, pesando 4,920 gramos y midiendo 53 cm. ¿Cómo era posible que de mi pequeño cuerpo naciera un bebé tan grande y perfecto? Al mirarlo por primera vez, reconocí su carita: era él, el niño de mi sueño.
Desde ese momento, mi vida fue luz. Era el niño perfecto (¿Creen que alguna vez tuve que estudiar con él? ¡Jamás! Sabía cosas que no correspondían a su edad. Me hablaba de su vida pasada, incluso me dijo cómo se llamaba su mamá anterior).
¿Por qué escribo esto? Para que vean lo especial que era mi hijo. Hablaba con ángeles, y después, en alguna casa, reconocía en fotos a personas que habían partido hace muchos años. Las describía tan bien, se reía y hablaba con ellas. Me decía: “Mira mamá, es la niña que vino el otro día”.
Mi hijo era luz, mi hijo era único. Siempre en las fotos aparecía con reflejos de luz solar. Ahora me doy cuenta de tantas cosas…
Mi Julián, único, nunca encajó del todo. Leía libros en tres días, libros que niños de su edad jamás leerían. Amaba hablar de dioses griegos y le fascinaba la religión budista. La luna, los planetas, el universo…
Muchas veces he pensado que su misión fue hacernos felices, enseñarnos que los sueños se hacen realidad y a ver la vida de una manera distinta. Julián, mi amor, fuiste el niño más deseado del mundo.
Siempre te necesité para todo. Siempre tuve miedo de perderte, como si mi subconsciente lo hubiese presentido… Por eso te abrazaba tanto, te olía y me fijaba en cada detalle de tus ojitos, manos, pies, tu cara, tu pelo, tu ser, todo…
Mi ser lo sabía, sabía que no estarías para siempre conmigo… Tu inesperada partida se llevó un pedazo de nuestros corazones. Tu hermanito Agustín no pasa un día sin nombrarte, honrándote con dibujos y canciones. Y tu padre, ese padre que tú elegiste, te llora cada día, imaginando todo lo que quedó por vivir.
Trato de pensar que por fin eres libre, que estás feliz… Pero te extraño tanto, mi amorcito… Hoy sé que fui madre de un ser de luz, que unos pocos tuvieron la suerte de conocer de verdad.
Hijo, donde estés, juega, canta, ríe. Solo quiero que seas feliz. Yo, desde acá, estaré esperando tu visita, y nos vemos cada noche, mi amorcito: tú allá y yo aquí…
Ya nos volveremos a encontrar, hijo, solo espérame un ratito. Te amo infinitamente, Julián, mi hijo de la Luna 🌛.
Gracias por todo lo que nos entregaste durante tu vida, nunca te olvidaremos…





















































