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memorial

Julieta Luzmila Galleguillos Torres

By noviembre 6, 2024noviembre 3rd, 2025No Comments

JULIETA LUZMILA GALLEGUILLOS TORRES

15/11/1957    –    12/01/2024

“Me encanta la fuerza que tu cuerpo tiene para conseguir lo que tuvo y que quiere, mujer consecuente ahora y siempre hasta el final”

Julieta Luzmila Galleguillos Torres: Una vida dedicada al amor y la enseñanza

Julieta Luzmila Galleguillos Torres nació en La Serena un 15 de noviembre de 1957, primogénita de Julio Galleguillos y Raquel Torres.  Su infancia estuvo marcada por un desafortunado accidente con agua hirviendo que la acercó a sus abuelos, Luzmila Arévalo Sepúlveda (la Popa) y Manuel Torres Meriño, quienes con amor incondicional la acogieron y criaron como propia.  A ellos, con el tiempo, los llamaría “papá” y “mamá”.

Con la inquietud propia de la infancia, Julieta emprendió junto a sus abuelos un viaje inolvidable hacia el norte de Chile, el cuál duró una semana en tren.  Manuel, su abuelo, trabajaba en la construcción de la Ruta 5 Norte, y durante su estadía recorrieron un sinfín de localidades: Chisa, Cuya, Guara, Camarones…  Cada parada era una aventura, y Julieta atesoraba en su memoria las experiencias vividas en aquellos parajes.

En medio de ese desierto, encontró un oasis en su tía Juana Torres, apenas ocho años mayor que ella, quien con paciencia y cariño le enseñó a leer y escribir, forjando un lazo inquebrantable que perduró hasta el último suspiro.

Finalmente, la familia echó raíces en la comuna de Renaico, donde Julieta se reencontró con sus hermanos y termino su enseñanza básica en la escuela maría inmaculada. Culminó su educación media en el Liceo de Niñas de Los Ángeles, forjando amistades que conservaría para siempre.

Una vocación innata

Impulsada por un deseo insaciable de aprender y enseñar, Julieta ingresó a la Pontificia Universidad Católica de Chile, sede Victoria, para estudiar Pedagogía General Básica.  Con esfuerzo y dedicación, se tituló con distinción máxima el 7 de abril de 1979, el mismo día que nació su primera hija, Fabiola.  Un día que marcó el inicio de su hermosa maternidad.

En 1982, en un contexto desafiante, nació su segundo hijo, Daniel.  A pesar de ser madre soltera, Julieta crio y cuidó a sus hijos con un amor inagotable, demostrando una fortaleza admirable.  Años más tarde, el destino la unió a José Flores, quien se convertiría en su esposo el 4 de diciembre de 1989.  De este matrimonio nació Carla, su tercera hija, a quien, por ironías del destino, solo pudo abrazar seis días después de su nacimiento.  A los ocho meses de vida de Carla, Julieta enfrentó su primera batalla contra el cáncer, una prueba que superó con valentía y una fe inquebrantable.

La pedagogía era su pasión, su razón de ser. Su primer trabajo fue en una escuela rural de Collipulli, donde dio sus primeros pasos en la docencia. Al tiempo, regresaría a Renaico, donde conocería a la Hermana Franciscana María de la Luz, quien le ofrecería trabajo en la escuela N° 44 María Inmaculada de Renaico. Fue muy bien acogida por la comunidad y reafirmó su fe. Participó activamente en la iglesia San Lorenzo de Renaico, impartiendo clases de religión y catequesis. Tal fue su compromiso con Dios y la congregación franciscana, que las hermanas la reconocieron simbólicamente como una integrante más. Con una vocación inigualable, se entregó en cuerpo y alma a su labor docente en la actual Fundación Educacional San Francisco de Asís de Renaico, donde trabajó durante 40 años. Impartió clases de historia, lenguaje, matemáticas, religión, técnico manual, tecnología, música, artes y educación física. La educación física fue una de sus favoritas, y contagió con entusiasmo a sus alumnos su amor por la gimnasia artística. Un desafortunado accidente durante una demostración la obligó a abandonar este deporte, pero su compromiso con la educación se mantuvo intacto.

Años más tarde, con la misma sed de conocimiento que la caracterizaba, Julieta cursó un Magíster en Educación, lo que le permitió asumir el cargo de jefa de la Unidad Técnico Pedagógica.  Desde allí, veló por la calidad de la enseñanza, demostrando su capacidad de liderazgo y su compromiso con la formación integral de sus estudiantes.

Más allá de las aulas

Fuera del ámbito escolar, Julieta cultivó entrañables amistades con sus colegas, con quienes compartía momentos de alegría y camaradería.  Las juntas y comilonas eran un escape a la rutina y una oportunidad para fortalecer los lazos que los unían.

Su familia, compuesta por su esposo, sus tres hijos, seis nietos y un bisnieto, era su mayor tesoro.  Con manos amorosas, a pesar del dolor que a veces las aquejaba, preparaba exquisiteces para regalonearlos:  pajaritos, tortas, pan de miel, picarones, sopapillas…  una infinidad de delicias que endulzaban sus vidas.

Amante de la buena vida y la buena mesa, Julieta era la anfitriona perfecta en cada celebración.  Las navidades y años nuevos en su casa eran inolvidables, reuniones familiares llenas de alegría y calor humano.

El 12 de enero de 2024, rodeada del amor de sus seres queridos, Julieta partió de este mundo.  El cáncer, que años atrás había desafiado con valentía, regresó para arrebatarnos al pilar de nuestra familia.

Un legado imborrable

Julieta fue una mujer guerrera, alegre, creativa, soñadora, empoderada, adelantada a su época, fuerte y resiliente.  Su ejemplo de vida, su amor incondicional y su espíritu luchador permanecerán por siempre en nuestros corazones.

Hasta siempre, July.

 Los mensajes enviados se irán reflejando en esta sección dentro de 48 a 72 horas hábiles.


Qué hermoso todo esto, dejar que fluya su fabuloso legado! Ella vive y lo hará eternamente en todo lo que sembró en todos los que tenemos la gracia de conocerla y atesorar recuerdos de lo enriquecedor que era estar con ella.
Dichosa debe sentirse con todo lo que hace su familia , ella disfrutada de su amor, su mayor orgullo. Mi admiración a su familia y a Fabiola que cada día se levanta haciendo la voluntad de su amada madre. 🫶 Abrazos

Ruth Carolina Alarcon Beltran


En este día en que se cumple un año desde la partida terrenal de nuestra querida tía Julieta, la recuerdo con inmenso cariño. Fue una gran compañera de trabajo, dedicada y sobretodo muy humana, siempre preocupada por todos, tenía una gran capacidad de acoger y recibir a quien llegara.
Es inevitable acordarse de ella sin recordar sus ricas comidas, tenía un talento especial para cocinar cosas ricas, a través de ellas también demostraba su cariño.
Quisiera dejar un gran abrazo a su hermosa y querida familia, su tesoro más preciado.
La llevaremos siempre en nuestro corazón ❤

Cecilia Almendras Ruminot


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